Lenin: Julio, 1916: Balance de la discusión sobre la autodeterminación .
10. LA INSURRECCIÓN IRLANDESA DE 1916
Nuestras tesis fueron escritas antes de esta insurrección, que debe servirnos para contrastar los puntos de vista teóricos.
Los puntos de vista de los enemigos de la autodeterminación llevan a la conclusión de que se ha agotado la vitalidad de las naciones pequeñas oprimidas por el imperialismo, de que no pueden desempeñar ningún papel contra el imperialismo, de que el apoyo a sus aspiraciones puramente nacionales no conducirá a nada, etc. La experiencia de la guerra de 1914-1916 refuta de hecho semejantes conclusiones.
La guerra ha sido una época de crisis para las naciones de Europa Occidental, para todo el imperialismo. Toda crisis aparta lo convencional, arranca la envoltura exterior, barre lo caduco, pone al desnudo los resortes y fuerza más profundos. ¿Qué ha puesto al desnudo desde el punto de vista del movimiento de las naciones oprimidas? En las colonias, diversos intentos de insurrección, que las naciones opresoras, como es natural, han tratado de ocultar por todos los medios con la ayuda de la censura militar. Se sabe, no obstante, que los ingleses han aplastado salvajemente en Singapur una sublevación de sus tropas indias; que ha habido conatos de insurrección en el Anam francés (véase Nache Slovo) y en el Camerún alemán (véase el folleto de Junius); que en Europa, de una parte, se ha insurreccionado Irlanda, que los ingleses "amantes de la libertad" la han apaciguado por medio de ejecuciones, sin atrever a incorporar a los irlandeses al servicio militar obligatorio; de otra parte, el Gobierno austríaco ha condenado a muer "por traición" a los diputados a la Dieta checa y ha fusilado por el mismo "delito" a regimientos enteros checos.
Se sobreentiende que esta enumeración está lejos, muy lejos, de ser completa. Sin embargo, demuestra que las llamas de las insurrecciones nacionales con motivo de la crisis del imperialismo se han encendido tanto en las colonias como en Europa, que las simpatías y antipatías nacionales se han manifestado, a pesar de las amenazas draconianas y de las medidas represivas. Y eso que la crisis del imperialismo se encontraba lejos todavía del punto culminante de su desarrollo: el poderío de la burguesía imperialista no estaba aún socavado (la guerra "hasta el agotamiento" puede llevar a ello, pero todavía no ha llevado); los movimientos proletarios en el seno de las potencias imperialistas son aún muy débiles. ¿Qué ocurrirá cuando la guerra conduzca al agotamiento total o cuando en una potencia, por lo menos, el poder de la burguesía vacile bajo los golpes de la lucha proletaria, como vaciló el poder del zarismo en 1905?
El periódico Berner Tagwacht, órgano de los zimmerwaldianos e incluso de algunos de izquierda, publicó el 9 de mayo de 1916 un articulo sobre la insurrección irlandesa, firmado con las iniciales K.R. y titulado Le ha llegado su hora. En dicho articulo se calificaba de "putsch" la insurrección irlandesa -¡ni más ni menos!-, pues, según el autor, "la cuestión irlandesa era una cuestión agraria", los campesinos se hablan tranquilizado con reformas, el movimiento nacionalista se había convertido en "un movimiento puramente urbano, pequeñoburgués, tras el que se encontraban pocas fuerzas sociales, a pesar del gran alboroto que levantó".
No es sorprendente que esta apreciación, monstruosa por su doctrinarismo y pedantería, haya coincidido con la del demócrata-constitucionalista señor A. Kulisher (Rech, número 102, 15 de abril de 1916), nacional-liberal ruso, que ha calificado también la insurrección de "putsch de Dublín".
Es de esperar que, de acuerdo con el proverbio de "no hay mal que por bien no venga", muchos camaradas que no comprendían a qué pantano rodaban al negar la "autodeterminación" y adoptar una actitud desdeñosa ante los movimientos nacionales de las naciones pequeñas, abrirán ahora los ojos al influjo de esta coincidencia "fortuita" en las apreciaciones ¡¡de un representante de la burguesía imperialista y de un socialdemócrata!!
Se puede hablar de "putsch", en el sentido científico de la palabra, únicamente cuando el intento de insurrección no revela nada, excepto la existencia de un grupito de conspiradores o de maniáticos absurdo, y no despierta ninguna simpatía entre las masas. El movimiento nacional irlandés, que tiene siglos a sus espaldas y ha pasado por distintas etapas y combinaciones de intereses de clase, se ha manifestado, entre otras cosas, en el Congreso nacional irlandés de masas celebrado en América (Vorwärts, 20 de marzo de 1916), que se pronunció a favor de la independencia de Irlanda; se ha manifestado en los combates de calle de una parte de la pequeña burguesía urbana y de una parte de los obreros, después de una larga agitación de masas, de manifestaciones, de prohibición de periódicos, etc. Quien denomine putsch a una insurrección de esa naturaleza es un reaccionario de marca mayor o un doctrinario incapaz en absoluto de imaginarse la revolución social como un fenómeno vivo.
Porque pensar que la revolución social es concebible sin insurrecciones de las naciones pequeñas en las colonias y en Europa, sin explosiones revolucionarias de una parte de la pequeña burguesía, con todos sus prejuicios, sin el movimiento de las masas proletarias y semiproletarias inconscientes contra la opresión terrateniente, clerical, monárquica, nacional, etc.; pensar así, significa abjurar de la revolución social. En un sitio, se piensa, por lo visto, forma un ejército y dice: "Estamos por el socialismo"; en otro sitio forma otro ejército y proclama: "Estamos por el imperialismo", ¡y eso será la revolución social! Únicamente basándose en semejante punto de vista ridículo y pedante se puede ultrajar a la insurrección irlandesa, calificándola de "putsch".
Quien espere la revolución social "pura", no la vera jamás. Será un revolucionario de palabra, que no comprende la verdadera revolución.
La revolución rusa de 1905 fue democrático-burguesa. Constó de una serie de batallas de todas las clases, grupos y elementos descontentos de la población. Entre ellos había masas con los prejuicios más salvajes, con los objetivos de lucha más confusos y fantásticos; había grupitos que tomaron dinero japonés, había especuladores y aventureros, ete. Objetivamente, el movimiento de las masas quebrantaba al zarismo y desbrozaba el camino para la democracia; por eso, los obreros conscientes lo dirigieron.
La revolución socialista en Europa no puede ser otra cosa que una explosión de la lucha de masas de todos y cada uno de los oprimidos y descontentos. En ella participarán inevitablemente partes de la pequeña burguesía y de los obreros atrasados -sin esa participación no es posible una lucha de masas, no es posible ninguna revolución-, que aportarán al movimiento, también de modo inevitable, sus prejuicios, sus fantasías reaccionarias, sus debilidades y sus errores. Pero objetivamente atacarán al capital, y la vanguardia consciente de la revolución, el proletariado avanzado, expresando esta verdad objetiva de la lucha de masas de pelaje y voces distintas, abigarrada y aparentemente desmembrada, podrá unirla y dirigirla, tomar el Poder, apoderarse de los bancos, expropiar a los trusts, odiados por todos (¡aunque por motivos distintos!) y aplicar otras medidas dictatoriales, que constituyen en su conjunto el derrocamiento de la burguesía y la victoria del socialismo, victoria que no podrá "depurarse" en el acto, ni mucho menos, de las escorias pequeñoburguesas.
La socialdemocracia -leemos en las tesis polacas (I, 4)- "debe aprovechar la lucha de la joven burguesía colonial, dirigida contra el imperialismo europeo, para exacerbar la crisis revolucionaria en Europa". (La cursiva es de los autores).
¿No está claro que donde menos puede permitirse la contraposición de Europa a las colonias es en este terreno? La lucha de las naciones oprimidas en Europa, capaz de llegar a insurrecciones y batallas de calle, de quebrantar la férrea disciplina de las tropas y el estado de sitio, esta lucha "exacerbará la crisis revolucionaria en Europa" con una fuerza incomparablemente mayor que una insurrección mucho más desarrollada en una colonia lejana. El golpe asestado al poder de la burguesía imperialista inglesa por la insurrección en Irlanda tiene una importancia política cien veces mayor que otro golpe de igual fuerza en Asia o en África.
La prensa chovinista francesa informó hace poco que en Bélgica ha aparecido el número 80 de la revista clandestina La Bélgica Libre. Es claro que la prensa chovinista francesa miente con mucha frecuencia, pero esta noticia tiene visos de verosimilitud. Mientras que la socialdemocracia alemana, chovinista y kautskiana, no ha creado en dos años de guerra una prensa libre, soportando lacayunamente el yugo de la censura militar (tan sólo los elementos radicales de izquierda han editado, dicho sea en su honor, folletos y proclamas sin pasarlos por la censura), ¡una nación culta oprimida responde a las inauditas ferocidades de la opresión militar creando un órgano de protesta revolucionaria! La dialéctica de la historia es tal, que las pequeñas naciones, impotentes como factor independiente en la lucha contra el imperialismo, desempeñan su papel como uno de los fermentos, como uno de los bacilos que ayudan a que entre en escena la verdadera fuerza contra el imperialismo: el proletariado socialista.
En la guerra actual, los Estados Mayores Centrales se esfuerzan meticulosamente por aprovechar todo movimiento nacional y revolucionario en el campo enemigo- los alemanes, la insurrección irlandesa; los franceses, el movimiento checo, etc. Y, desde su punto de vista, proceden con todo acierto. No se puede adoptar una actitud seria ante una guerra seria sin utilizar la más mínima debilidad del adversario, sin aprovechar cada oportunidad, tanto más que es imposible saber por anticipado en qué momento y con qué fuerza "volará" acá o allá uno u otro polvorín. Seríamos muy malos revolucionarios, si en la gran guerra liberadora del proletariado por el socialismo no supiéramos aprovechar cualquier movimiento popular contra algunas calamidades del imperialismo, a fin de exacerbar y ampliar la crisis. Si, por un lado, proclamáramos y repitiéramos de mil modos que estamos "contra" toda opresión nacional por otro lado, denominásemos "putsch" a la heroica insurrección de la parte más dinámica e inteligente de algunas clases de una nación oprimida contra los opresores, descenderíamos a un nivel de torpeza igual al de los kautskianos.
La desgracia de los irlandeses consiste en que se han lanzado a la insurrección en un momento inoportuno: cuando la insurrección europea del proletariado no ha madurado todavía. El capitalismo no está organizado tan armónicamente que las distintas fuentes de la insurrección fundan de golpe por si mismas, sin reveses ni derrotas. Por el contrario, precisamente la diversidad de tiempo, de carácter y de lugar de las insurrecciones garantiza la amplitud y profundidad del movimiento general. Sólo en la experiencia de los movimientos revolucionarios inoportunos, parciales, fraccionados y, por ello, fracasados, aprenderán las masas, adquirirán fuerzas, verán a sus verdaderos guías a los proletarios socialistas, y prepararán el embate general, del mismo modo que las huelgas aisladas, las manifestaciones urbanas y nacionales, los motines entre las tropas, explosiones entre los campesinos, etc., prepararon el embate general de 1905.